Egipto. Dulce y fuerte nombre al mismo tiempo. Como sus gentes. Como
el desierto. Desde Al-Kahira hasta la frontera con el mítico
Sudán, con el país del Punt. Embrujo.
Conversaciones nocturnas en la cubierta del barco a lo largo del Nilo,
pasando, de madrugada, bajo el puente de Assuan. Mahmoud nos cuenta
su "teoría de la Y" del Nilo y de Egipto. Hablamos
de religiones. Del Islam. De la Biblia. De la Torah. Las religiones
"del Libro".
Las prohibiciones de un pueblo nómada, surcando el Sinaí
que dan origen a los Mandamientos. De Amenhotep IV, del monoteísmo.
De la Ley del Desierto.
Y el té rojo de madrugada, sin dormir. Esperando, quizás,
a que Ra volviese a aparecer por el el horizonte, por la orilla de
los "vivos-vivos". Tres amigos reunidos en la cubierta charlando
de lo divino y de lo humano. De Historia, de Religión, de Cultura,
de Egipto. Inolvidable noche, Mahmoud. Ni Ana ni yo lo podremos olvidar.
Si hay un recuerdo más inolvidable de nuestro viaje a Egipto
es, sin duda, la compañía de Mahmoud. Sin él
no se puede comprender el pasado y el futuro del país. Los
monumentos han pasado la frontera de la edad. La compañía
no.
Cuando se planea una estancia indefinida en la orilla oeste de la
vieja Tebas, y esperas que quienes más quieres en el mundo
te acompañen en los últimos días, y Anubis se
ha adelantado a los acontecimientos, sientes aún más
deseos de regresar, en honor de quien ya no te va a poder acompañar
físicamente, pero sí en su Ka.
Cumpliremos el deseo de los cuatro, Mari Carmen. Aunque no puedas
sonreirnos, te sentiremos con nosotros. Y esperamos que Rosa y Mahmoud
vayan a visitarnos y recordar viejos buenos tiempos.
Rafael.
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