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Relato

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005··· UN BREVE RELATO

Navidades de 2004. Alfonso, Chamary, Juan Carlos… mi familia, me asaltan con una propuesta: “Queremos ir a Egipto”. Y como saben que yo soy un enamorado del País de la Dos Tierras, dejan la organización del viaje en mis manos.

Me propongo preparar una ruta a nuestra medida, fuera de los itinerarios de las agencias de viajes, visitando lo más espectacular y significativo. Un viaje para viajeros, no para turistas. Y sólo se me ocurría una persona que pudiera ayudarme a organizarlo; alguien a quien había conocido en un viaje anterior y cuya imagen y personalidad eran ya inseparables de nuestros recuerdos de Egipto: Mahmoud Fathy

La tarea se resolvió gracias a la casualidad: compartiendo una caña con Luis, amigo y compañero en el viaje en el que conocí a Mahmoud, recibe una llamada que no tarda en pasarme: “Toma el teléfono, que hay alguien que quiere saludarte”. Por supuesto, era Mahmoud.

Y así recuperamos el contacto. Y nos vimos en Barcelona, donde tuve oportunidad de conocer a su mujer, Rosa. Y juntos, organizamos el viaje.

Llegamos a Assuan el 21 de octubre de 2005. Allí nos esperaba Mahmoud para recogernos en el aeropuerto y llevarnos al barco, éste flotando sobre las tranquilas y serenas aguas del Nilo, el dios Hapy , bañadas por la suave luz de la puesta de sol, Ra con sus reflejos dorados sobre los muros de calizas de Tura, en los Templos de Karnak y Luxor. Una atmósfera irreal que potencia el Ka de los espectadores, familia y amigos embelesados desde la cubierta del barco. El País de Kemet ya nos había conquistado.

Un avión de madrugada nos llevó a Abu Simbel y allí vimos amanecer; Atón en todo su esplendor iluminó el Templo de Ramsés II, penetrando entre las columnas de la sala Hipóstila colándose hasta el Santa Sanctorum donde, hieráticas e imponentes, las imágenes esculpidas de Amón, Harmakis, Ramsés II y Path el dios de las tinieblas… se dejan ver. “Fascinante”, diría Pilar.

Recorrimos en calesa el curioso mercado de Komb Ombo hasta el templo Ptolomeo de Horus, y la imaginación voló a las ruinas de Luxor y Karnak, haciéndonos entender cómo debió impresionar en su tiempo Tebas, ´la ciudad de las cien puertas´.

Dejando el pueblo de los faraones retornamos al mundo actual, y visitamos el pueblo de Gorna, proyectado y construido por el arquitecto egipcio contemporáneo Hassan Fathy, en el que un esmerado estudio de las tipologías arquitectónicas y el uso de materiales tradicionales y autóctonos conforman un espacio urbano a escala humana muy interesante. ¡Gracias Mahmoud!

Y, por fin, las Pirámides de Giza, con la Esfinge omnipresente allí donde miráramos y el “genio del lugar” metiéndose en el cuerpo.

Nos recibieron en su casa. Sí, ahí entre sarcófagos, vivía aquella simpática y hospitalaria familia egipcia: el abuelo, los nietos que llegaron del colegio mientras charlando bebíamos el saludable té con menta… La alegría de los niños contrastaba con el lugar , ya que estábamos en “La ciudad de los Muertos”, un cementerio habitado en el centro de El Cairo. ¡Que inolvidable experiencia!.

Hablo ahora de la nueva Biblioteca de Alejandría. Me hubiera quedado más en ese espacio monumental y que a la vez invita al estudio, la lectura, la investigación. Bien por los Arquitectos. A Alejandría hay que volver.

Otra experiencia distinta y sorprendente: ¿quien no se trasladó en el tiempo y en el espacio en la cascada y el estanque natural entre dunas, en la excursión a El Fayum?.

En las cámaras y galerías de la pirámide roja de Snefru en Dashour, el silencio pesa y el espacio sepulcral sobrecoge. Allí recordé las leídas experiencias de los visitantes del siglo XIX, la de Napoleón, la de Champollión, y entendí….

Complejo funerario de Djoser en Sakkara, sobrevuela el genio de Imhotep, sacerdote, médico y arquitecto. Imponente restauración la de J. Philippe Lauer , arquitecto que dedicó su vida a esa ingente labor.

Cómo describir la experiencia en el museo de El Cairo,… Akhenaton, las momias, los tesoros de … ¡Necesito más tiempo!.

Recorrimos las calles, callejuelas y pasadizos, reviviendo los lugares de los relatos de Naguib Mahfuz, y pudimos sentir la explosión de alegría del final del Ramadán en el corazón de El Cairo en el khan el-khalili.

El viaje se acaba, ¡Hasta pronto tierra de la Maat! Hay que planear la vuelta. Mahmoud , Rosa, amigos… Gracias, sin vosotros no hubiera sido lo mismo.

J.Manuel

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